Teodoro Pablo Lecman

(carta de amor y posdatas) Fragmento.

 

 

Carta de una orilla a otra

 

r., mi amor:

 

todo se incendia, amor, se incerdia. los veleros que parten hacia vos naufragan. el río es un estuario inerte de bagres, camalotes y víboras ciegas que vacilan antes de entrar a tu cocina…

me acuerdo cuando me contabas que temblabas de frío y tenías que encender todas las estufas eléctricas, que la cuenta era de terror, pero que si yo hubiese estado y te abrazaba todo iba a ir mejor.

todo fue.

imagino el agua que se retira y sube. el crepúsculo rojizo en la lejanía del mar. abrazados en la parada del ómnibus, allá en pinares…

una playa, en solís, llena de noctilucas, los mosquitos, tu osadía al besarme, y un puente otra vez ciego entre la vegetación mientras con un pucho en la mano mirabas a una cámara que no te veía.

me alucinaste ciegamente aquí, en el departamento de viamonte. yo quería llamar a alguien y v., pausada, desde allí, por teléfono, gritaba “pero bien”. me dijiste: “no llames al casmu”. tus ojos brillaban como negras alondras ciegas.

una secuela de ambulancias me persigue con su ulular (emergencias, horrores, matanzas, bombas, tiroteos, cuerpos que giran en el abismo).

¿te acordás cuando te regalé unas calas? me metí en el agua para sacarlas, nos besamos, los automovilistas silbaban. eso también era en la playa.

nuestras ciudades son heterogéneas: vos, un poquito más allá; yo, un poquito más acá, le dijiste al pituco borracho que se paró a conversar en la rambla de punta del este, ese engendro snob.

quizás la imagen de nuestra edad sea lo molesto: demasiada historia en las espaldas, marcas en el cuerpo, heridas en la memoria que reverdecen, tristezas, desaparecidos y muertos…sobre las prisiones hay shoppings y en puerto madero te desilusioné con mis ataques al consumo: vos sólo pensabas en vestidos blancos, guachafitas de tu exilio en venezuela, sacarte las morideras, simulacros de casamientos que te mentías a vos misma, sí…

yo siempre estoy convaleciendo de algo.

me sacaste una foto en tres cruces, apenas nos conocíamos, estabas chocha, te dije que no quería ver tan pronto a tu madre. pero te encaprichaste, dijiste que estábamos cerca. que no era nada. la gorda te hacía gestos mudos, que yo veía. tu hermano me insultó, los otros me ignoraban. toda tu familia bailaba en la fiesta. fuimos a hacer el amor encima de todos, me asfixié. saliste desnuda a gritar, como el logo de clarín, ebria.

el agua del baño había qué tirarla con palangana.

tu hijo, de 27 años, golpeaba a la puerta y pedía plata.

   a. se murió, ya no me llamás más. no sé donde vivís. en la rada flotan barcos sin anclas ni raíces. y hay bancos con cuentas cerradas. hubo una tempestad en montevideo y lloré inútilmente en la pasiva las húngaras perdidas.

   c. te extraña. mema y memín.

qué bien que nos escribíamos, decían tus amigas.

chau, debía haber adivinado que eras una traidora: tu “rara confitura” con patas de amor desde la ventana de enfrente.

aestus

 

glosario

 

aestus: calor asfixiante, burbujeo de olas, corriente, marea/ agitación del alma, transporte de las pasiones, irresolución, trastorno.

aestuo: quemar, tener calor, hervir, fermentar/ arder de amor, estar agitado, irresoluto.

aestuarium: parte de la ribera que la marea recubre o descubre alternadamente; brazo de mar/ estuario, embocadura de río/ tragaluz (en francés soupirail, suspiradero).

 

Posdatas

 

  Para una obra de teatro: indicaciones de la puesta en escena: Luces y sombras, fuegos y cuerpos; quinto elemento, invisible, la Muerte. Danzas macabras del amor y la vida. Un sexto elemento, el hijo/a: el hijo juega con su perinola/ la hija coquetea con su cuerpo.

Je tremble toujours de n’avoir écrit qu’un soupir, quand je crois avoir noté une vérité.”

                                                                                                          Stendhal, De l’amour

“Tant ai al cor d’amor,

                                                         de joi e de doussor”

(Tanto amor tengo en el corazón

tanto gozo y dulzor)

                                                                                      Bernart de Ventadorn (1147-1170)

Ich hôrt ûf der heide

lûte stimme und süezen sanc,

dâ vón wart ich beide

fröiden rîch und trûrens kranc.

(Oí en el campo

una voz clara y un dulce canto,

por eso me sentí, a la vez,

de gozo rico y de tristeza falto).

Heinrich von Morungen (m. 1222)

Adonde va,

adonde va tu amor

buscando primaveras,

si aquí quedó,

quedó mi corazón

dolido por la espera.

Adonde vas,

te vengo a preguntar

si hay alguien que te quiera,

con el amor

que alguna vez te di

y que ya no tendrás

                                               Canción popular

“Cree que los antiguos y los modernos se pusieron secretamente de acuerdo para establecer en el mundo la quimera del amor”

Cideville (sobre una dama descreída), en Badinter, E., Las pasiones intelectuales.