Gabriela Bruch

 

I

 

Todo es mágico para las alquimistas que

abonan la tierra de la misma manera

que arrullan a un niño recién nacido, o cocinan

los alimentos para el guerrero o salen a la lucha

o escriben poemas color naranja,

como ese sol que se escondió un verano

en los altos mares de un naufragio

al que sobreviví

junto con vos.

 

II

 

Aquel que sabe de travesías, cruza el viento con la tierna furia

de ese fruto de septiembre

que dormía

con las alas rotas

debajo de mí.

 

 

III

 

Ella decía que habla una torre, la torre

más alta de la ausencia… algo así.

Allí estás

desde tiempos sin memoria.

O no.

Recuerdo la tarde que subiste, tu bufanda

enmarañada y tu

pullóver azul.

 

Ni siquiera te diste vuelta.

 

 

IV

 

Yo te quería.

No lo puedo creer, pero

yo te quería.

Vagaba por las lluvias tormentosas

de agosto,

por las tórridas veredas de enero,

por los rieles y los cerros,

también por el mar.

Sólo por.

 

Yo te quería.